Mons. Alfredo Vizcarra Mori llamó a los peruanos a no dejarse vencer por el cansancio social ni por el deterioro moral que se percibe en la vida pública. En un mensaje pastoral pidió cerrar filas en torno al bien común, la verdad y la misericordia.
El arzobispo de Trujillo y administrador apostólico de Jaén advirtió que el país enfrenta una tentación peligrosa: normalizar el abuso, la mentira y la arbitrariedad. También sostuvo que la ciudadanía necesita discernir mejor y no dejarse arrastrar por el ruido mediático ni por el cinismo.

¿Cuál es su mensaje?
El texto lleva como título una frase contundente: “No se dejen robar la esperanza”. Desde ahí, Vizcarra propone una lectura del presente peruano basada en la responsabilidad compartida y el rechazo de toda manipulación.
En su mensaje, advierte que algunos políticos y dirigentes anteponen sus intereses y usan la ley como instrumento de conveniencia. También denuncia campañas de descrédito, insultos y ataques contra personas honorables, hechos que, según afirma, debilitan la democracia.
El arzobispo recuerda que la unidad no debe servir para encubrir errores ni para tolerar falsedades. Por el contrario, la unidad debe sostener la bondad, la verdad, la justicia y el bien común.
Un discurso sobre la crisis moral
Vizcarra observa un deterioro moral en parte de la clase política. Según su pronunciamiento, ese deterioro se expresa en arbitrariedades, abuso de poder y ataques a la institucionalidad. Su diagnóstico no se centra solo en la política, sino también en el efecto que esa conducta tiene sobre las familias.
El mensaje insiste en que muchas familias están afectadas económicamente y que la gente sencilla ya no sabe en quién creer. En ese contexto, el arzobispo pide una ciudadanía más madura, capaz de pensar, analizar y discernir.
La referencia al “mal menor” es uno de los puntos más agudos del texto. Vizcarra no niega que esa sea una salida frecuente, pero advierte que no debe convertirse en resignación moral. La meta, sostiene, es no bajar la vara ética ni acostumbrarse a la mentira.
¿Qué lugar ocupa la fe?
El mensaje une vocación cristiana y responsabilidad pública. Vizcarra afirma que Dios sigue llamando al ministerio ordenado, a la vida consagrada, al matrimonio, la familia y también a la misión laical en la política, la ciencia y el trabajo.

En esa línea, el arzobispo pregunta a quién se sigue, qué voz se deja entrar y qué puerta se elige. La observación es clara: cuando la arbitrariedad se vuelve regla, todos quedan expuestos.
El texto también insiste en la coherencia entre palabra y vida. Para el prelado, el verdadero pastor no puede tener doble estándar entre lo que dice y lo que hace. Ese criterio ético aplica también a quienes ejercen autoridad civil o religiosa.
¿Qué propone para el Perú?
Vizcarra invita a dialogar sin insultos y a exigir verdad a quienes hablan en nombre del pueblo. También llama a rechazar toda forma de corrupción y abuso, y a defender la institucionalidad democrática sin fanatismos.
El mensaje concluye con una apuesta por la reconciliación en familias, comunidades y parroquias. Además, pide no devolver mal por mal, pero tampoco llamar bien al mal. Esa frase resume el núcleo moral de toda la reflexión.
Al final, Vizcarra retoma una idea del Papa León XIV: solo quien se detiene, escucha, reza y acoge la mirada de Cristo puede confiar en la vida. En un país golpeado por la desconfianza, esa referencia apunta a sostener la esperanza sin ingenuidad.
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